Categoría: Cine

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Paterson

Eso fue lo que me diste:

yo me convertí en cigarrillo, y tú en fósforo,

o yo en fósforo y tú en cigarrillo brillando con besos,

ardiendo hacia el cielo.

Ron Padgett

Sentada a mitad de la sala 2 de la Cineteca Nacional de Ciudad de México, con un vaso descartable de café con vainilla, me enfrenté a Paterson. No lo digo con violencia, pero ver el film de Jim Jarmusch es una oportunidad para reflexionar sobre lo que más nos condiciona y, casi siempre obviamos, por parecer secundario: la cotidianidad.

Ahora que estoy en Buenos Aires, me siento parte de ese pequeño ‘mundo imaginario’ propuesto por el director estadounidense. Veo la ciudad con tanta perplejidad, me detengo en cada ventana de bus y me pregunto si será verdad que hay cientos de Paterson y no somos capaces de verlos, por tanta urgencia, Instagram y demanda de ‘construir sociedad’.

Tan fuerte fue la sensación que la vi por segunda vez, frente al computador, nada más para recordar por qué me gustó tanto.

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Capitán Fantástico

Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza.

Si supones que existe un instinto hacia la libertad,

entonces existen oportunidades de cambiar las cosas.

Noam Shomsky

 

La vi por segunda vez este fin de semana. Mi hermana la recomendó el año pasado y fue mi película favorita en 2016. No porque el papel principal lo haga Viggo Mortensen o porque me gustaría vestirme como Vespyr o Kielyr. No, Capitán Fantástico es realmente fantástica porque desde los primeros cinco minutos te confronta con lo que crees correcto o “normal”.

La película es totalmente moralista mas no definitiva, porque la duda péndula desde el guión hasta las interpretaciones. 

El cine como viaje y engranaje

Nunca he filmado una película, tampoco he estado en un set de grabación ni mucho menos conozco a detalle la velocidad u obturación que una fotografía necesita para ser hermosa. Aún así, a diario imagino nuevas historias, todas ellas las recreo en mi cabeza, les doy cierto ritmo, le asigno gestualidad a los objetos, muchas veces me voy a dormir y en sueños veo esa historia con sus colores, su música. Desde que recuerdo soy más visual que textual y es raro, porque se me da mejor la escritura que hablar en público frente a muchas personas, pero esa escritura que hago-o intento hacer-primero la imagino en mi cabeza y después la transformo en palabra.

Es así, me gusta imaginar; desde un simple cuento de camino en un bus hasta una historia completa, con personajes, atmósferas, acciones. A los 13 escribí mi primer poema y aunque ahora sea incapaz de retomar el verso, no concibo mi vida sin un cuaderno ni un día sin pensar en una escena transformable en palabras. Más allá de reír, para mí un día sin registrar una historia descubierta o imaginar una situación en la cabeza, son 24 horas perdidas.