Categoría: Trinitarias

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Fragmento n°1 – Carta recibida desde Buenos Aires

18/09/2017

Buenos Aires

Querida Os:

Aunque yo no soy una lectora desconocida, me sumo a la idea de escribir. Al igual que tu he escrito varias, en su mayoría a mi familia en estas tierras lejanas, y ninguna de ellas han tenido respuesta. Sin embargo, cada vez que tengo la oportunidad y el deseo les/las escribo; me emociona y me alegra plasmar cada pensamiento en una hoja en blanco, sin pensarlo mucho, solo escribir por placer a la escritura.

Justo en este momento, aunque tengo luz eléctrica en casa, me imagino escribiendo en una casita chica junto a la montaña, ¡con una pluma y una velita al lado jeje! Muy ficticio, porque afuera abunda el ruido de la ciudad de la furia.

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La amiga estupenda

A la espera del mañana,

los mayores se mueven en un presente detrás del que están el ayer y el anteayer o,

como mucho, la semana pasada; no quieren pensar en el resto.

Los pequeños desconocen el significado del ayer, del anteayer, del mañana,

todo se reduce a esto, al ahora (…)

 

La primera vez que leí sobre Elena Ferrante fue en las páginas impresas de Arcadia, una revista a la que seguía hace años y pude comprar varios de sus números en una librería del centro de Bogotá. “La ausencia insoportable” se titulaba la nota y me la acabé en unos minutos, para después llegar a casa a devorar lo que pudiera de esa autora en la Web. Me impresionó que se hablara tanto y, al mismo tiempo, nada de quién era ella; se decía que no tenía cuerpo ni rostro, que era una estrategia publicitaria, que tal vez, ella sintiera vergüenza porque la escritura era una huida al oficio de pelar papas o recoger uvas en los campos italianos, hipótesis miles, detrás de la creadora de la tetralogía La amiga estupenda. 

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Carta n° 2

Querido sin nombre:

 

Siento frío, desde ayer me siento pesada y con un dolor que me recorre las piernas. No tengo ganas más que de imaginarme bailando con una botella de vino en las manos.

Por la tarde me agité, escribía en la portátil y al ver cómo se movía el florero me paralicé; sentí que temblaba de nuevo, que esta vez el piso sí se quebraría, pero luego de fijar mi mirada sobre las flores comprendí que el temblor era yo misma y mis dedos sobre el teclado. Me levanté y caminé, miré el cielo de nubes grises y sentí las primeras gotas; me mojé un poco y salvé a Braulio de la ventisca en la terraza. Mi única calma ahora son los minutos en la cocina; el arroz, el pescado, el puré de camotes y mirar el cielo y rozar la textura de mis plantas.