¿Cómo salir de Venezuela desde San Antonio sin perder tiempo? *

Hace poco hice un viaje corto hasta Bogotá y aunque ya había tenido experiencia cruzando la frontera San Antonio del Táchira – Cúcuta, esta vez no fue tan sencillo como en febrero de 2016.

Ir en bus de Cúcuta hasta Bogotá con todos los asientos ocupados por venezolanos fue un disparador para sentarme a escribir este post y compartir la experiencia, con el propósito de orientarte un poco si estás pensando en salir del país por estos caminos. Todos sabemos que esta frontera es la más activa, que hay movimiento a diario y mucho más ahora, cuando fue reabierta y muchos aprovechan de hacer compras por las razones que, también, todos conocemos.

¿Cómo llego?

Escenas cotidianas desde la ventana del bus

Llegar a Cúcuta es realmente sencillo y económico, teniendo en cuenta los precios absurdos del mercado venezolano. Lo que tienes que hacer es llegar a la terminal pública de San Cristóbal y escoger una opción de acuerdo a tu presupuesto. Tienes:

  • Carritos por puestos. Salen dependiendo de la demanda, es decir, apenas se llenen los 4 o 5 puestos, el auto arranca y la ventaja es que va directo sin hacer paradas en cada ciudad o poblado en la vía.
  • Bus. Son la mejor opción por el precio, obviamente, fue mi elegida y no tardé más de una hora en llegar. El chofer va recogiendo pasajeros y esas pequeñas paradas te permiten observar plazas, monumentos y hasta mercados locales que te harán el viaje más simpático y variopinto. En mi caso iba acompañada por Don Cristóbal, un abuelito que me iba narrando crónicas de sus amoríos adolescentes e intentaba convencerme (¡una vez más!) de casarme y tener hijos.
  • BusTáchira. Esta opción me la recomendaron estando en San Cristóbal. Se trata de los nuevos autobuses dispuestos por el Gobierno para trasladar pasajeros hasta San Antonio, con la diferencia de que salen a las 6.00 am. desde el Centro Cívico, en el centro de la ciudad, y cuentan con aire acondicionado. Desconozco cómo será el servicio, pero les dejo la opción por si quieren tomarla.

¿Dónde bajar? Debes bajar en la redoma que está justo en la entrada de San Antonio. El autobús hace una parada allí y anuncia “¡Los que van a Cúcuta!”, por lo que no tendrás problema.

Cruzas la calle y tomas la avenida principal hasta el final. A mitad de camino verás el aviso de Aduana y ya estarás orientado.

Consejo: El viaje es fresco, pero no es necesario llevar abrigo en mano. Mi sugerencia es que vayas con ropa muy liviana y alguna sombrilla si no quieres quemarte con el sol del vecino país.

Hora

Mi recomendación es llegar temprano y no esperar hasta el mediodía para hacer el cruce.

Otra ventaja de llegar temprano es que conseguirás al personal de las taquillas más relajado y dispuesto a colaborarte. Créeme, no es nada agradable llegar antes del mediodía y tener que esperar porque el personal del SAIME está almorzando (entre otras excusas como el popular “el sistema está caído” que puede suceder a cualquier hora del día, pero suele intensificarse entre las 12 y las 14 horas).

Sellos de entrada – salida (necesario sólo si sigues camino a Bogotá o cualquier otro país suramericano)

Esta es la parte más importante y por la que casi entro en una crisis de desesperación (llegué a las 9.00 y eran las 11.00 y no terminaba de pasar), debido a falsas informaciones y  advertencias realizadas por los propios guardias de migración o hasta por personas que se aprovechan de tu estado de confusión para burlarse en tu cara. Un guardia colombiano llegó a amenazarme: -Si no tiene pasaje, factura de hotel y carta de invitación no podrá ir hasta Bogotá. Estamos deportando venezolanos.

Es cierto que muchas personas cruzan ilegales, que otras ni siquiera llevan su documentación actualizada, pero también es falso que necesites tantos documentos específicos para seguir camino. Con la vena periodística latiendo hice mi investigación express y esto es lo que necesitas si tu destino es Bogotá o cualquier otra ciudad colombiana:

  • Un sello/estampilla de salida. La compras antes de cruzar el puente, fíjate en un puesto a mano izquierda con aviso de impuestos de migración o algo parecido, la verdad en medio de mi ansiedad no tomé ni fotos ni notas en el momento.

Comprado el sello vas a la oficina del SAIME que está a mano derecha. Recibirás un comprobante y con éste debes pasar por las taquillas de SALIDA.

  • Pasaporte venezolano actualizado. Con este documento más el comprobante harás la respectiva fila en la taquilla y, tras varias preguntas del funcionario (las de siempre: ¿a dónde va? ¿a qué se dedica? No hay por qué alarmarse) te sellarán tu pasaporte y podrás pasar legalmente al lado colombiano.

Si tu intención es seguir bajando hasta Ecuador, Perú, Argentina o Chile mi recomendación es que ni lo menciones para evitar más preguntas necias. Con que digas que vas hasta Bogotá de visita familiar o a una entrevista es suficiente.

Parada en la carretera, vía Bogotá
  • Boleto de ida . Aquí tienes tres opciones: La más rápida es ir hasta la oficina de la empresa de buses Omega y comprar tu boleto a Bogotá o Ipiales (frontera con Ecuador). La oficina está pasando el toldo de migración colombiana, caminas una cuadra y tomas una curva a mano derecha y allí la encontrarás.  Después de comprar el ticket regresas a migración y sellas tu entrada legal a territorio colombiano.

La segunda opción es ir hasta el terminal de Cúcuta y comprar tu ticket en otra empresa que puede ser, o más económica, o más costosa dependiendo de las necesidades que tengas al viajar en un bus. Comprado el boleto deberás volver al puente a realizar el trámite. Esta opción me parece una pérdida de tiempo, considerando el gasto y el tráfico en el centro de la ciudad.

En el bus que viajé fui bastante cómoda. Había películas, aire acondicionado, asientos amplios y reclinables y baño.

Por último, está la opción de comprar boletos aéreos Cúcuta – Bogotá (u otro destino) desde sitios de Internet. Por ejemplo, conocí gente que compró con meses de anticipación y consiguió precios muy accesibles; eso sí, las ofertas se consiguen comprando desde Colombia, si lo haces desde Venezuela, tristemente, será más costoso.

No puedo cerrar este apartado sin expresar la inutilidad de este trámite, porque ¿no les resulta tonto tener que entrar ‘ilegal’ a Colombia para comprar un boleto y después sí legalizar tu entrada? Esos asuntos burocráticos que más que ofrecer soluciones entorpecen siempre nuestro viaje (por no decir, toda nuestra vida).

  • Una dirección, si es que te vas a hospedar en Bogotá o, también puedes buscar una de un hotel cualquiera, aunque no tengas ninguna reservación. En mi caso, no me pidieron este dato, pero supe después que a otros viajeros sí.

Todo este trámite de sellos de pasaporte es el paso más IMPORTANTE para salir de Venezuela con destino a otro país. En lo que sí no bromeaba el guardia fue en el asunto de las deportaciones: mientras íbamos viajando en bus nos detuvieron unas tres veces para verificar que nuestros documentos estuvieran sellados, a los que no habían hecho el trámite los devolvieron con sus maletas.

Dinero

Aquí también debes ser cuidadoso. Si tu intención es seguir bajando, aconsejo llevar una cantidad de bolívares suficientes para resolver transporte hasta la terminal y tus comidas durante el viaje. Ya después resuelves con dólares.

Si te quedas en Bogotá, allí el cambio favorece mejor al dólar; si sigues a Ecuador no tendrás problemas una vez llegues a Ipiales.

Equipaje

Para mí siempre será Mandarina (mi mochila) la mejor acompañante, porque va abrazada a mi espalda y apretada a mi cadera y porque, también, he notado que a los guardias les da mucha pereza desenmarañar mis amarres, nudos y ganchos; mientras les genera más placer abrir candados y revolver el interior de grandes maletas.

Sea cual sea tu preferencia ten cuidado y no te sobrecargues de equipaje. Observé a muchos cargar con valijas, cajas, morrales y hasta bolsas. Me pareció que no la estaban pasando bien, imagina cargar con eso hasta Chile. ¡Un verdadero desafío! Si cruzas una frontera caminando, si tu objetivo es despedirte por un tiempo de Venezuela, despídete también de tu Xbox (un chico llevaba una y por poco la saca a jugar a mitad del viaje en bus), pares de zapatos innecesarios y otras tantas materialidades. Piensa que a donde vayas tendrás mucho más, experimenta viajando ligero y verás que el viaje será más placentero.

Cuidado con las ayudas engañosas

Algunas fronteras terrestres son una oportunidad para comerciantes o falsos bondadosos. En mis relatos siempre insisto en que nuestro mundo es hogar de personas generosas que siempre están dispuestas a ayudarte en el camino, recuerdo siempre a los uruguayos y su humildad y a ellos, mi gratitud eterna. Pero, también debo admitir que no siempre es así y que una porción del mundo está viciada.

El paso fronterizo San Antonio – Cúcuta no está exentó de este porcentaje y más si vas repleto de equipaje o si tu cara de confusión es más evidente que tu emoción por emprender el viaje.

Observé y escuché lo siguiente:

  • Muchacho margariteño acepta la ayuda de un vendedor de boletos a mitad de calle. El hombre le pide 220.000 pesos hasta Ipiales, el muchacho se los da confiado antes de llegar a la oficina de la empresa de transporte. Al llegar a ésta, muchacho espera afuera. Obtiene su boleto sí, pero más tarde se entera que otros viajeros compraron el mismo boleto por hasta 40.000 pesos menos. Entiendo que para muchos sea complicado el trámite, pero también creo que los gestores de este tipo son innecesarios. Eres un viajero inteligente, sólo tienes que estar con los ojos bien despiertos y olvidarte de sentir vergüenza ante la necesidad de preguntar dónde está x oficina, dónde tomar x bus. Por preguntar no te cobrarán y serás capaz de gestionar con independencia tu viaje.
  • Otra muchacha, caraqueña, aceptó la oferta de una carrera en taxi hasta la terminal por 30.000 pesos; mientras que cualquier otra línea te cobra máximo 10.000. Una vez más: preguntar, comparar precios, acercarte a líneas oficiales. Es mucho más seguro y no saldrás estafada

    Buen viaje a los valientes

Como les dije al principio del post, de los 46 asientos del bus en que viajé a Bogotá, 45 estaban ocupados por venezolanos. Familias enteras del centro del país, jóvenes orientales, estudiantes caraqueños, andinos orgullosos; todos con el sueño de conseguir mejores oportunidades, de tener su casita, de continuar estudios y regresar con la familia cuando Venezuela sea ese país en el que caminábamos pasadas las 21 horas sin miedos, comíamos cepillados en cualquier esquina sin rasgos de paranoia o sonreíamos con más frecuencia sin la preocupación de qué comer mañana. Es una realidad y debemos aceptarla y aceptar también que esos 45 corazones son tan valientes como quienes deciden quedarse.

Abandonar el terruño nunca es fácil, decir adiós a la familia tampoco; pero es una decisión que siempre marcará nuestras vidas y transformará nuestros valores y manera de ver el mundo. Si no me creen, lean mi post aniversario en el que cuento las enseñanzas que mis viajes por Suramérica me han dejado y que agradezco enormemente.

 


* Este viaje se hizo en noviembre de 2016.

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