5 lecciones aprendidas en mi intento de hacer cine*

Antes de sentarme a escribir este post, quise re-leerme en aquellas reflexiones escritas después de mi residencia de escritura para cine, en Mérida. Lo hice creyendo que me reiría de mi misma y mis vagas ilusiones de “chica ingenua quiere hacer cine” y resulta que no estaba tan errada cuando escribía que el cine se trata de ‘querer hacer posible lo imposible’ ni tampoco me equivocaba al decir que ‘escribir cine tiene el encanto de la disciplina literaria, con el guiño de la búsqueda de lo simple y la victoria del lenguaje audiovisual frente al texto impreso’.

Sirvan estas citas propias como preámbulo y augurio de esta nueva reflexión a partir de superar una preproducción llena de obstáculos económicos y emocionales, un rodaje con final de lluvia y la negativa de sus actores principales (niña de 5 años y vaca de 2) de seguir adelante a mitad de tarde.

Si antes confirmaba mi hipótesis de que el cine era un viaje infinito, después de hacer de escritora, productora ejecutiva y directora de mi primer cortometraje lo confirmo aún más, porque movimiento no ha faltado, ansiedad tampoco y la adrenalina ha sufrido una sobredosis tremenda, de la que aún no me siento recuperada. Y, como en todo mis viajes, llegar al final de la travesía me dirá si quiero hacer de ese paisaje una constante en mis ojos o, si quiero ir por más e integrarme a su cotidianidad.

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Cuando Camilo Pineda me pidió una historia fue bastante claro: debe ser corta, debe haber sorpresa y algo así como “olvídate de la intensidad de Almendra y escribe algo relajado”. Mi guión de largometraje es un drama psicológico y sí, es bastante intenso. Para cumplir la consigna de mi profesor pensé en mi infancia, en esos sueños y juegos que tenía de pequeña y que aún hoy me acompañan. Entonces, en mi cabeza apareció una niña corriendo, una vaca mirándola y una teta, esos helados de formas sugestivas que tanto comí con mis primas bajo la mata de mamones en la finca de Alicia. Se preguntarán ¿por qué una vaca? Es curioso, pero desde que me acuerdo siento fascinación por esos animales, tanto así que en mi primera borrachera terminé ‘hablando’ con una vaca y con Luna, en el patio de la casa de mi amiga Thalia. Tendría unos 15 años y estaba por terminar el bachillerato.En mi ingenuidad me fui a buscar a la vaca más bonita y claro, también tuve que encontrar a esa niña que creyera en que ella podía ser su amiga. Lo hice, también encontré un lugar hermoso, con un cielo intensamente celeste y unas montañas que te arrullaban al llegar. Me sentía feliz, presentía que todo saldría como el dibujo que se movía en mi cabeza…hasta que me senté con mi productora y mi asistente de dirección.
Pasa que una producción con animales y niños es un problema, pasa que pocas personas se arriesgan a hacerla y pasa que a ambos los convencí con mi idea de jugar a ser niños, de hacer algo distinto y de arriesgarnos en creer en nuestros sueños.
En mi ingenuidad-repito-estaba convencida de que saldría bien, pero la primera lección no tardaría en llegar.

1. La realidad supera cualquier ficción que tengas en la cabeza (o no esperes que salga como quieres si no tienes presupuesto)

Ella es Sofía
Ella es Camila

Escribo esto y mi cabeza viaja a esas noches en llanto porque faltaba dinero para transporte, comida, pintura, etc.,etc. Es así; soñaba con un cielo celeste y radiante y la tarde del rodaje nos sorprendió con un fuerte aguacero mientras comíamos piña, además de hacer un viento frío desde temprano que motivó a la pequeña Cami a enfermarse y llorar desde las 14 horas. Para que se hagan una imagen, les comparto una que recordará todo el ex equipoteta: directora (yo), prácticamente de rodillas, da chocolate en la boca de niña actriz mientras le ruega que ‘por favor, falta poquito, quítate el suéter y vamos a jugar con Sofi (la vaca)’.
Sólo teníamos un día para el rodaje, no había dinero suficiente para hacer magia con el cielo ni mucho menos podíamos impedir que Sofi escapara con su traje de flores a corretear por las montañas, mientras el equipo de Arte entraba en crisis.
La realidad de este rodaje me hacia dudar, me martillaba la cabeza, ¿dónde está la magia? ¿cómo es que no podemos borrar ese cielo y pintar uno nuevo?
Y la directora lloraba, traicionada por sus hormonas, y el equipo la alentaba y el asistente de dirección advertía “faltó un plano, mi vida, pero eso es lo que hay”, y la vocecita interna gritaba que tranquila, que nadie dijo que la magia que veíamos en la pantalla era la misma experimentada por el equipo mientras rodaban y, después de verlo con mis propios ojos entendería que nunca es fácil hacer realidad lo que imaginas.

2. La verdadera historia se re-escribe después del rodaje (o busca más dinero y vuelve a rodar)

Primer nombre del cortometraje

Leonardo Henríquez me había dicho que en el cine, las historias siempre se re-escribían al llegar a la sala de montaje; a menos que fuera una súper historia, que estuviera perfectamente filmada y que el guionista se ufanara de ser un Memo Arriaga para exigir que nada en su guión podía modificarse. Pues bien, en la residencia de escritores de guión siempre le aposté a la segunda teoría y le era indiferente a a la risita cínica de Leo…hasta que a Cami le apretaron sus zapatos y no quiso ponérselos más, se hicieron las 17 horas y llovió y no se pudo grabar una secuencia y, el detalle más importante, no había dinero para un segundo día de rodaje. Entonces, nuevamente lloré y sentí el martillo y escuchaba a mi equipo decirme que “el cine es construcción” y que me tomara un tiempo,viera el material con calma, seleccionara las mejores secuencias y con ayuda de un “editor creativo” conseguiría un buen cortometraje.
Por suerte, tengo ese genio editor; por suerte superé la frustración y me decidí a re-escribir y por suerte- y en favor de Leonardo Henríquez- comprendí que sí, que el cine es una constante construcción y re-construcción y que para ser Memo me hace falta mucho camino por recorrer.
La ventaja de todo esto es que en la fase que vamos; al ex equipoteta le gusta lo que ve, a mi me emociona y los pocos familiares y amigos que lo han visto quedan cautivados ante la ternura de Cami y Sofi.

3. El cine es un ejercicio de dependencia (o aprende a confiar en tu equipo)

Es la lección que más me ha costado aprender. Vengo de años de asumir todos mis procesos creativos en solitario o lo que es lo mismo, organizar mis tiempos y mi energía en función de hacerlos realidad. Pero, en el cine es distinto porque requiere técnicas que desconozco y porque, es tan enorme el trabajo que necesitan 3 minutos que hacerlo sola sería mucho más abrumador.
Además, siempre he defendido la idea del cine como ejercicio colectivo. Para mí, un cortometraje o película es de toda la gente que trabajó en el proyecto y no sólo un artificio del director o fotógrafo. El cine se hace a muchas manos y eso es también un ejercicio de gratitud, yo sin mi equipo no pudiera estar en el lugar en que estoy ahora.

Claro, no niego las horas de estrés, la ansiedad que me produce no ser capaz de diseñar la música, o, de encargarme de todos los efectos en montaje; no poder ser la dueña de los tiempos de la postproducción…pero, soy consciente de que mi autosuficiencia no puede abarcarlo todo. Una cosa es viajar por Suramérica sin temores y otra, muy distinta, es hacer cine e intentar hacerlo bien.
Si algo rescato de esta dependencia es el ejercicio de humanidad, que también es una lección reafirmada en estos meses de hacer cine. Un director debe conocer  a su equipo (o intentarlo), saber qué hace cada uno, cuáles son sus talentos y mejores habilidades porque sólo así aprenderá a confiar en ellos y, también así, calmará su angustia y se sentirá más tranquilo en el proceso.
Y, por supuesto, creo que para nadie es un secreto que en todo Arte hay egos; unos más justificados que otros y eso es parte del ejercicio de humanidad: reconocerlos y aprender a sobrellevarlos también. Una tarea dura para mí, que no me creo superior nadie, aunque a veces crea necesaria una pequeña dosis de ese ‘súper Yo’ para creerme escritora y, ahora, “directora”.

4. Respira, se PACIENTE, un corto no se hace en dos meses

Otra gran lección de hacer cine con poco presupuesto es que los tiempos son lentos y que éstos también dependen de las responsabilidades que tengan cada una de las personas que forma parte del equipo. El cine, como creo sabemos, es una “bomba de tiempo” que debes hacer el esfuerzo de inflar, inflar, inflar hasta quedarte sin pulmones si es preciso y todo, con el propósito de que con el tiempo el público (incluyendo familia y amigos) reconozca ese trabajo, ese coraje como bien lo llama mi hermana.
La paciencia siempre baila lento y a mi que me cuesta coordinar mis pasos, también me cuesta aceptar ese principio; de ahí que fracasara en la practica del Tao y que me adelantara siempre a la coreografía impuesta por la profesora de Tai Chi en Buenos Aires. Es así, me cuesta esperar, soy realmente impaciente y demasiado estructurada con mis cronogramas. ..pero, retomo la idea del ejercicio de humanidad:
Haciendo cine estoy aprendiendo a esperar, a darle suficiente tiempo a cada área para desarrollarse, a respetar esos lapsos y-si es necesario-retroceder y volver a empezar con la certeza de que es mejor aceptar el error y corregirlo, a seguir adelante arrastrando manchas y terquedades inútiles.
Gracias a esa misma paciencia (o “paz-ciencia” como me enseñó mi querida productora Manuelita) aquella historia que empezó siendo TETA ahora es un lindo MUU! Y, pronto espero contarles más detalles.

5. Cine = CREER, creer y 1000 veces CREER

Creer, en mi historia y en la de muchos que se levantan, cada día, con una nueva certeza en la cabeza y creen que es la mejor, la más realizable…porque, simplemente, nació de un sueño, vivencia, anécdota o tristeza. MUU! nació de la recuperación de un sueño, de retazos visuales en los que sigo creyendo y del cariño con que atesoro mi infancia y la necesidad por imaginar un mundo multicolorido. Esa es la raíz de este proyecto y sigo creyendo, a pesar de los obstáculos y cambios experimentados en el camino que lo haremos posible.
Como siempre dije: Juguemos a ser niños, juguemos a CREER, esa es la mejor lección que mi primera vez haciendo cine me ha enseñado.

Gracias infinitas al ex equipoteta.
Es tiempo de decir muu!

Todo el equipo Muu! al final del rodaje. ¡Gracias muchachos!

*El rodaje de “Muu!” se desarrolló en Mérida (Venezuela) en agosto de 2016. Todas las fotos fueron tomadas por Arthur Mora.

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