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Fotorrelatos: Margarita

En 2016 viajé  a Margarita. El primer día me intoxiqué con algo y nunca supe el nombre. Vomité y pasé la noche con fiebre. No pude ni comerme una cocada; primero porque mi estómago no andaba bien y segundo porque no había. En playa El Agua sólo se conseguían empanadas y bastante ‘desinfladas’ para las que mi memoria recordaba.

Quise conocerte, Margarita, para llenarme de orgullo pero tu gente me habló de carencias: de agua limpia, de igualdad de oportunidades, de turismo responsable, de alimentos de calidad para las familias que te habitan.

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El mar estaba revuelto por varios días de tormenta, bañarse fue imposible. No pude estrenarme el traje de baño que mi madre me regaló ni broncearme con nuestro sol caribeño. Lo que sí hice fue visitar a pescadores, comprobar cómo la raya fresca puede comprarse en menos de 1.000 bolívares* y sin embargo, la gente no lo hace porque el 90% de la producción se la quedan empresarios chinos y la revenden en mercados internacionales.

También fui testigo de la alegría de nuestros niños. Esos a quienes no les importa si hay o no conservas de coco a la venta. Para ellos darse un chapuzón es más glorioso que escuchar las quejas de sus padres por el descuido y abandono de una de las playas más concurridas de Margarita, hace algunos años atrás.

En playa El Agua desarrollan un proyecto de turismo sustentable, pero la planta que sana el agua está colapsada y revienta cada vez que cae un aguacero. Agua limpia, potable y apta para el consumo humano llega poco; las familias se ven obligadas a comprar garrafones.

Los comerciantes y artesanos se entretienen matando moscas en el mercado porque turistas no llegan desde que inició el proyecto.

Margarita, ¿volverás a ser la “perla de El Caribe”?


*Este viaje fue realizado en agosto de 2016. Los precios en bolívares corresponden a ese tiempo.

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