Haciendo dedo en la ruta (I)

Tiempo máximo de espera: 1 hora

Tiempo mínimo: 2 minutos

Duración máxima de un viaje: Hora y media

Duración mínima: 10 minutos

“No vayas con extraños”, “paga siempre para ir cómoda”, “no te estés riendo mucho a la primera porque quedarás como una regalada” y  podría seguir con más sentencias que nos enseñan desde chicos a desconfiar de la gente, a estar siempre en una burbuja de confort o a mostrar esa cara de odiosa que tus amigos, años más tarde, te confesarían que tuviste la primera vez que cruzaron palabras.

Viajando derribamos esos prejuicios que tanto daño nos hacen y aprendemos a confiar. 

Cuando Desi y yo propusimos viajar juntas a Uruguay nos planteamos el desafío de hacer dedo por la costa. Ella ya tenía experiencia, pero para mi era la primera vez y siempre es bueno tener una buena compañía en esos momentos.

Nuestro plan tuvo buenos resultados desde el primer intento. Yo manifestaba mi alegría con aplausos al descender de cada auto compartido y entre subidas y bajadas, acumulamos 10 hitos (generosos aventones) en todo nuestro experimento. 

  1, 2, 3 a la conquista de Punta del Diablo y Barra de Valizas

Eran pasadas las 17 hrs.  y habíamos caminado todo el día desde Playa de Los Pescadores hasta el Parque Santa Teresa, así que decidimos que era un buen momento de tirar los dados en la ruta a ver qué pasaba.

Con un poco de vergüenza, levanté el dedito gordo en la solitaria Ruta 9, me miré comprobando mi “buen aspecto”, mientras Desi se burlaba de mi inexperiencia con risitas y ojos saltones. Estábamos cerca de la parada de autobuses-por si acaso moríamos en el intento-, pero las primeras impresiones eran de lo más positivas para mi: la gente te hacía señas para intentar explicar por qué no podía llevarte, o te saludaban con una sonrisa.

Después de unos 20 minutos, nuestro primer golpe de ¿suerte?; aparecieron dos simpáticas señoras-madre e hija-, quienes sin hacer muchas preguntas nos embarcaron en su auto viejo pero calentito y nos dejaron en la entrada de Punta del Diablo. Yo, la verdad, no sabía mucho qué decir ni hacer; Desi no hablaba, las señoras tampoco. Así fue nuestra primera vez-como casi todas, ¿no?-, llena de pena, silencios y pensamientos sinsentidos.

 Apenas nos bajamos y agradecimos el gesto, yo aplaudí, sí; yo aplaudo cuando me siento contenta, victoriosa o con mucha adrenalina. Desi no me entendía, pero después me reclamaría las veces en que la costumbre me hacía olvidar del ritual musical.

Al día siguiente paradas frente a la terminal del pueblo con destino hacia Barra de Valizas un chico  nos levantó a eso de las 10:00 hrs. y nos hizo las clásicas preguntas “de dónde son, para dónde van, por qué vienen en invierno”. En los breves 10 minutos que duró el viaje, él no paró de hablar y nosotras como los gatitos de la suerte, moviendo la cabeza.

Ya en la Ruta 9 se venía la mejor parte. Son apenas 60 km., alguien nos tiene que llevar directo-pensaba-, pero tuvimos un primer desafío. Un vendedor de ropa, puerta a puerta, tenía rato esperando y entonces ¿qué hacer? Nada, a calmarse un poco y ceder. Hablamos un rato con él: era de Chuy, compraba ropa en la frontera con Brasil a bajo costo y la distribuía por los pueblos de la costa, con una clientela chica pero asegurada.

Lo vimos marcharse primero que nosotras en una vans. Nos despedimos con movimientos de manos y sonrisas. Y después, nos activamos. Pasaban los minutos y me desesperaba, le decía a Desi que podíamos hacer algún bailecito para llamar la atención, poner caras de chicas cansadas para dar lástima o sonreír hasta con los ojos. Pero qué va, ¡no hubo quórum!

Pasaron unos 40 minutos y un camión que transportaba madera se detuvo. Dentro, un chico sonriente, de rastas largas y castañas nos invitaba a subir con rapidez y nosotras obedientes nos acomodamos en menos de 5.

Mateo nos contó que a su jefe le disgusta que levante gente desconocida en la ruta, pero él igual lo hace. Pasamos casi una hora charlando, al ritmo de El cuarteto de nos y su “nena no llora”, hablando de los Charrúas y los pocos descendientes directos que quedan en Punta del Diablo, del Pepe y la organización popular, de su hijo y su casita en el pueblo.

Aunque él iba hasta Castillos, se desvió para dejarnos en la entrada de Barra de Valizas e incluso se disculpó por no dejarnos en el pueblo.

Ahora te toca, ¿cómo fue tu primera vez haciendo autostop? ¡Cuéntame y dame más motivos para seguir aplaudiendo!  

Venga, valiente ¡anímate a comentar!