¿Por qué enagua.me?

Alicia guardaba sus enaguas viejas en el clóset. Lucían amarillentas y desgastadas, tenían encaje y la mayoría banda elástica en la cintura. Aunque ella prefería usar pantalón de algodón, siempre que tenía una reunión especial optaba por escoger alguna de sus viejas enaguas para complementar el vestido o la falda y sumarse a la ocasión.
A Alicia le gustaba pintarse los labios, siempre prefería un rojo pálido o un marrón que acentuaba su piel blanca y sus ojos esmeraldas. También pedía ayuda para pintarse las uñas. Yo siempre observaba a Alicia con la ilusión con que se mira a una mujer hermosa, valiente, llena de amor.


Una cosa me gustaba de Alicia y era su sonrisa en las fotos de cuando la llevaban de paseo al mar. En una, Alicia sonreía con una piña colada en la mano y yo reía con ella al verla así, tan niña libre, tan lejos de su campo. Sí, porque Alicia creció y vivió gran parte de su vida en el campo, su raíz siempre estuvo ahí; en las palmeras y matas de plátano, en las gallinas y perros.
Estaba segura que en esa huella amarillenta de sus enaguas se escondía parte de aquel pasado campestre. El perfume del campo en la tela de la enagua, el aroma del viento de Mosioco oculto bajo el vestido de Alicia.

Los viajes de Alicia fueron muy pocos. Ocurrieron tarde, en la madurez de su vida. Y, cuando se esfumaba la alegría de esos días a orillas del mar, ella volvía a su casa para refugiarse en sus pasiones más primitivas, las primarias y básicas. Alicia cocinaba sabroso, disfrutaba pestañear mientras daba una orden y veía como ese demandado corría para cumplirla en el acto y, por supuesto, no olvidemos la coquetería del color en los labios, en las uñas.

Lo que intento decir es que aunque Alicia no tuviera el mar para experimentar esa libertad, se refugiaba en sus pasiones para convivir con otro tipo de libertad, esa de cultivar las pasiones que más nos gustan y que por ser parte de nuestra cotidianidad, algunos las toman por simples o inútiles. Pero al observar a Alicia comprendía que aquello no era ordinario, para mi cada cosa tocada por ella resultaba extraordinaria porque sabía transmitir desde la serenidad todo el amor, el fuego y la dulzura.

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Hace más de un año Alicia se movió de espacio. No está más. Se fue al campo más distante, a una región transparente. Cuando quise recuperar sus enaguas, también se habían ido. Nada quedaba en el viejo clóset de madera. Solo cajas de medicamentos y varias estampas de santos siguen guardadas ahí.
Por meses reflexioné sobre esa ausencia y lo que más se repetía en mi cabeza era ¿dónde estaban las enaguas amarillentas? No entendía el porqué de esa angustia. A mi me gusta andar más de falda o vestido que de pantalón. De eso sí tengo un repertorio de justificaciones.
Me gustan más las enaguas porque son una mujer caminando, bailando, cantándole al campo o a ella misma. Veámoslo así, hay más mujeres en el mundo llevando sus enaguas bajo sus ropas que hombres haciendo lo mismo. La enagua, entonces, es un asunto de identidad.

También es sinónimo de comodidad. Sinceramente, usar una enagua es igual a moverse con la tranquilidad de que las nalgas no se apretujan por el hilo, la tanga y demás artificios de “lencería”. Cada vez que veía a Alicia con un vestido no le observaba la cola, no; veía el movimiento de la tela con el viento, una secuencia en sepia del hombre amado quitándole la enagua. Eran imágenes traviesas, eso sí, pero creadas en mi imaginación.

La enagua es movimiento: si bailamos ella se mueve, si caminamos la enagua va y viene. Me gusta su figura de vaivén. También su misterio.
En Los Andes suramericanos, la mujer usa sus vaporosas faldas para esconder objetos, incluso hay dichos que aseguran que la chola no usa más prenda íntima que la enagua-en pocas palabras no hay hilo que le robe el sueño-. En mis viajes nunca me sentí tentada a indagar sobre el dicho porque me gusta más mantener vivo el misterio. ¿Acaso no hay cierta belleza en las cosas que ocultamos, esas que no revelamos a la primera?
Para mí sí hay belleza en lo desconocido. Es el estímulo más hermoso al momento de cultivar nuestra imaginación.
Narrar lo que no vemos. Descubrir. Darle forma a lo que nuestros ojos no ven.
Pienso en una enagua como en un objeto misterioso en el que caben muchas cosas, como un enorme baúl de madera pero con la virtud del movimiento.
Debajo de una enagua pueden haber emociones lindas, tiernas; otras pueden ser tormentosas, complejas porque a todas éstas, la enagua viste a la mujer y ella es hermosamente humana.
Una caminante con miedos, fantasmas, alegrías, victorias, pasado y presente moviéndose en el verdadero motor femenino: el vientre.
Del ardor de mi vientre vienen mis palabras. Del de Alicia nacieron sus hijos, mi madre.

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Así como Alicia se fue,  Los viajes de Os también se van porque les faltaba esa belleza extraordinaria que Alicia sí sabía cultivar en sus instantes cotidianos.

En mis viajes también le he sonreí al mar-pero sin la piña colada porque nunca me gustó-, pero a diferencia de Alicia cuando volvía a casa me sentía perdida, frustrada, sin voz. Ahora comprendo que ese sentimiento de orfandad significa la ausencia del hogar. Pero, mi hogar no se parece al de Alicia porque en él no hay paredes ni necesidad de ordenar a nadie más que a mí misma. Yo entiendo mi hogar como una llamarada, un espacio para cultivar mis pasiones que no son ni pintarme las uñas ni los labios.
Por eso digo adiós a Los viajes de Os, porque siento le faltaban un techo, una identidad más parecida a mi: una enagua.
Cuando pensé en enagua.me recordé a Alicia, a la chola, a mi hermana y a mis amigas. Todas mujeres valientes que prefieren andar siempre de falda o vestido.


Enagua.me soy yo, eres tú, podemos ser todxs.

En este nuevo baúl prevalece el movimiento como raíz de todo lo que disfruto hacer:

Viajar para observar al otro y comprender su movimiento en el mundo. Documentar mis sueños para comprender el movimiento de mi mente. Pensar en cine para moverme hacia las fronteras de todos mis Yo posibles y desconocidos. Escribir para moverme desde mis manos, sin importar geografías ni mapas. Leer a los otros para moverme hacia sus realidades y así eliminar cualquier brecha a través de la palabra.

Enagua.me es, desde hoy, mi cuaderno más libre y todxs tenemos la oportunidad de escribirlo porque ¿saben? Hace mucho me cansé de querer ser musa de otro. Ahora yo misma cuento mis historias, las busco en ustedes, en el mundo, en mis propias experiencias.

Enagua.me no deja de ser experimento, porque de eso se trata la creación. Inventar, re-inventar. Explorar, re-descubrir.

¡Bienvenidxs a enagua.me!

Os.

  • Ana Karina

    Que forma tan curiosa y profunda de usar la enagua para personificar nuestra identidad. Que lindo leerte y sentir como propio esos sentimientos hacia la figura materna de las abuelas. Yo no tuve una relación estrecha con mis abuelas y hoy lo lamento, pero mi hija si la tiene con mi madre y me parece hermoso como describes ese nexo. Me hace soñar e imaginara mi hija en muchos años teniendo pensamientos lindos y gratos recuerdos de sus vivencias con su abuela.

    • Gracias Ana Karina. Mis dos abuelas han sido muy importantes para mí, sus imágenes las tengo muy presentes en vida. Un fuerte abrazo y bienvenida a esta aventura. (:

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