Shuar nua

Shiran nua

Shuar nua

Campuñin apache

Yanua. Nantu.

Nunky nua*

* Mujer hermosa/ Mujer shuar/Abuela de la montaña/ Estrella. Luna. / Diosa de la tierra.

 

De mi convivencia con las comunidades Shuar de Yokuteis (a 45 minutos de Sucúa) y San Luis (1 h 30 minutos de Macas), ambas ubicadas en la provincia Morona Santiago del Oriente ecuatoriano, atesoro las conversaciones y recibimiento de sus mujeres.

La risa espontánea de la abuela Bertha que me despertaba a las 4.00 am., los ojos brillantes de Nantar al contar cómo se comió el cerebro de un mono, las pecas en las mejillas de Yaminchi confundidas con las manchas de sol en su cara, el disfrute de Janeth al ir todos los días a su huerta para recoger camote o sembrar maíz, la fuerza de Helena al bajar de la montaña en chanclas y con su hija sobre los hombros y la habilidad de María para ser madre, abuela, esposa y trabajadora de la tierra. Estos ocho días, Oriente adentro, me hicieron reflexionar sobre nosotras, las mujeres, sobre nuestra fuerza y valentía y la importancia de nuestro rol desde los inicios de las primeras comunidades ancestrales.

María nua

María tiene el don de enseñar con sus ojos cristalinos, sus manitas arrugadas revelan cuánto ha trabajado, su corta estatura no le roba elegancia a su trenza plateada sobre la espalda ni le quita una pizca de coraje a su estampa de matriarca sudamericana.

Ella recoge hojas de yuca para el caldo, va con su machete rebanando pasto, seleccionando la más tierna tagua (fruta amazónica) para ofrecerme su agua fresca y aunque pocas veces sonríe, todo su cuerpo refleja la confianza de quien no sabe qué es el miedo.

Gracias a María aprendí a preparar caldo de jabalí, a saborear la chicha de yuca y recogiendo hojas recuperé el lenguaje tejido en el silencio y en los gestos de unas manos moviéndose.

Yaminchi nua

Apenas tu nombre ya es un señal: ¡Yaminchi! Mujer del hoy, presente. Tus cabellos lisos y azabaches, tus pecas bordeando los contornos de tu rostro y tus labios finos y tímidos me hicieron recordar mi herencia wayúu. Al verte, veía a mi propia madre a sus 15 años, con su pollina espesa rozándole los ojos.

Ella recorre caminos con su changil (canasto de palma); lo llena de limas, guabas y bananas. Con su machete prepara la tierra para la siembra de yuca, con sus manos te enseña a amontonar árboles y raíces, con su mirada busca papayas en las alturas de los árboles.

Gracias a Yaminchi navegué en los recuerdos familiares de mi memoria. Su rostro fue el reflejo de mi mami, de mi tía Zoraida y hasta de la pequeña Zoraimy, quien cubre sus pecas con maquillaje pero no puede esconder su pasado indígena.

 Helena nua

En la fuerza de Helena, la vergüenza de mis limitaciones físicas. Verla descender, selva adentro, con sus pies cubiertos por unas chanclas de finas tiras y su hija en hombros en perfecto equilibrio, mientras yo hacía maromas para no rodar tierra abajo; observarla andar descalza sobre las grandes piedras del río Upano mientras llenaba su changuil de pescados y vigilaba la hamaca improvisada en donde dormía su pequeña significó para mí una muestra de valentía, soberanía física y practicidad.

Ella pertenece a la comunidad Quichua de Puerto Morona, sus rasgos son más redondos y su lengua es un híbrido de Shuar, Español y Quichua.

Gracias a Helena me auto-regañé y auto-reté. No era posible justificar mi miedo y mi condición física ante semejante ejemplo.

Nantar nua

Nantar en Español significa piedra preciosa que favorece a los cultivos. Su cuerpo delgado se contradice con la rapidez de sus manos al lavar la ropa, sus ojos aguarapados se llenan de brillo al mostrar el cráneo de un mono que se comió y a quien chupó todo el líquido de su cerebro, dizque porque era un animal muy inteligente, “pensante” y gracioso. Nada puede desperdiciarse en el Oriente, ni las papayas comidas por gusanos ni mucho menos la cabeza de un mono.

Y, aunque su vientre cobija a su primer hijo, el machete afila para cortar leña y asar las carachas pescadas; la yuca y el plátano pela para darme de comer y cada mañana la barrida diaria, la ponchera llena de ropa para restregar y enjuagar.

Gracias a Nantar el descubrimiento de la inocencia, lejos de categorías de edades o estatus, el humo del ayampaco (comida tradicional del oriente que consiste en envolver carnes rojas o blancas en hojas de bijao, para luego asarlas en la leña) y el sabor de la yema del huevo mezclada con camote y plátano verde.

 Janeth nua

Janeth teje en croché bolsos y manteles, Janeth cuida de sus hijas con discapacidad, Janeth te abraza y te invita a la charla. Su naturalidad es similar al contacto de la bota de caucho con la grama, su sonrisa es auténtica como la papa china untada con sal y ají.

Ella habla la lengua Shuar como su primer código de comunicación, llama a su suegra Mamá y a su suegro Papá; prefiere pasar su día con las manos penetrando la tierra en busca de yuca y camotes dulces y salados.

Gracias a Janeth las tardes tomando sol frente al río Upano, las conversaciones en camas prestadas y las maracas de alcancía guardadas en mi mochila.

Pañasña nua

Pañasña ti pinguiri wishi awe

(Pañasña se ríe muy bonito)

Pañasña (planta muy olorosa) comprende poco de Español, aunque pasó su adolescencia en las misiones evangelizadoras de italianos en Macas. Habla en Shuar, sus pómulos fueron tatuados con tinta extraída de la tierra por su madre y aunque la marca apenas se ve de cerca es un testimonio vivo de su pasado más primitivo.

Ella recoge yuca y camote de su huerta, va en su caballo de a  botas y changuil, recibe llamadas en teléfonos inteligentes y se ríe con tanta fuerza que, aún sin entender los porqués, ríes con ella. Ella también atiende su quiosco, cocina, limpia la casa y da de comer a sus pollos y patos.

Gracias a Bertha la recuperación del canto shuar. Con su voz dulce ofrenda a la tierra, regaña a sus nietos y duerme a su marido. Gracias a ella la comprensión de la danza y el traje, las señales de una transformación social en su comunidad, con salas protagonizadas por un televisor proyectando novelas mexicanas y una emisora de radio con Romeo Santos y cumbias desde las 5.00 am.

A todas ellas Yuminsasmue (gracias) por recibirme, cobijarme, alimentarme y revelarme la realidad de un pueblo femenino trabajador, valiente y camaleónico. Un pueblo al que ya llegaron las tecnologías de las tablets, smartphones y televisores pantallas planas pero que sigue encontrando en la tierra su fuente y sustento, que no renuncia a las propiedades de la hierba luisa frente al café por las mañanas.

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