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– Sueño I –

Grama fresca. Unos pies desnudos caminan muy rápido.

Se van descubriendo sus piernas, también desnudas. Es un campo abierto, no hay montañas, tampoco agua cerca pero la grama parece estar húmeda.

La veo de espaldas, solo la cubre una toalla unicolor y su cabello lo lleva amarrado sobre los hombros.

Camina y camina y el paisaje se amplia. Se ve un cielo intenso, sin nubes.

La mano la aprieta en el moño de la toalla, del lado contrario al corazón. Veo su cara y soy yo y nos miramos como si yo pudiera mirar lo que pasa en mi inconsciente.

De pronto se gira, cruza por una callecita llena de lodo y matorrales. Sigue en línea recta hasta ver un edificio viejo, de paredes azules. Alza la mirada hasta sus ventanas abiertas. Suelta el moño, sus manos son ridículamente pequeñas, en comparación con sus brazos.

Ahora, ella camina por un largo pasillo. Hay mucha gente pero no se mueven. Kioscos llenos de ropa, sombreros, cobijas. Es un mercado y en el sueño sé que es Paraguay, La Asunción. Camina, se pierde entre laberintos de pasillos hasta que ve un letrero.

La veo nuevamente de espaldas, con los hombros desnudos. Avanza por una puerta abierta, es un baño, hay fila, la gente empieza a moverse. Hay hombres, mujeres, niños. Sus piernas se impacientan. La fila no avanza, mira alrededor, suda y cierra los ojos.

Sus pies están en el lodo de aquella callejuela, avanzan como pueden. Se ve la toalla embarrada. Ella vuelve a girar.

A un lado se ve el edificio de paredes azules con las ventanas cerradas. Al otro lado todo es verde, la grama sigue fresca pero se va ensuciando a medida que ella pisa. La espalda va desnuda, los hombros, las piernas.

Le veo el rostro de nuevo, sé que soy yo aunque tenga el pelo largo, aunque me lo haya soltado. 

Camino, cierro los ojos y llueve. Solo llueve atrás de mi, mientras avanzo sale el sol.

Me caí. Todo se quedó en verde muy vivo.

Ahora estoy despierta.

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