Etiqueta: vaivenes

carta3_enaguame

Carta n° 3

Querido sin nombre:

A todos nos quedan pendientes, como aprender a nadar o a manejar bicicleta, como ver los ojos de alguien a quien amaste por última vez o, quizá, como perderle el miedo a los aviones. Yo, ese último lo superé hace rato; todos los demás están en pausa. Son curiosas esas pausas, algunas son silenciosas, otras llegan a doler tanto que necesitas un impulso para superarlas.

Cuando pude alquilar el departamento en México me sentí satisfecha, sentía que avanzaba, que finalmente tendría un pequeño espacio para mi. Cuando el temblor me asaltó de noche leyendo el diario, un hueco se abrió en mi estómago, una caja con resonancias que me gritaban sobre la soledad de los últimos meses, esas llegadas nocturnas sin nada más que bananas y flores detrás de la puerta. Me empezó a doler el estómago a diario, me daban alergia los olores desprendidos de los puestos de tacos y aguas frescas, no entendía a las mujeres rizándose las pestañas con cucharas en el metrobús ni el morbo de los hombres cuando me atrevía a subirme al área exclusiva para ellos en el vagón de metro. El olor del maíz en el aire dejó de maravillarme, las estrellas en mi terraza, rápidamente, se convirtieron en rutina y de a poco mis ojos abrían más por obligación que por ganas.

¿Por qué enagua.me?

Alicia guardaba sus enaguas viejas en el clóset. Lucían amarillentas y desgastadas, tenían encaje y la mayoría banda elástica en la cintura. Aunque ella prefería usar pantalón de algodón, siempre que tenía una reunión especial optaba por escoger alguna de sus viejas enaguas para complementar el vestido o la falda y sumarse a la ocasión.
A Alicia le gustaba pintarse los labios, siempre prefería un rojo pálido o un marrón que acentuaba su piel blanca y sus ojos esmeraldas. También pedía ayuda para pintarse las uñas. Yo siempre observaba a Alicia con la ilusión con que se mira a una mujer hermosa, valiente, llena de amor.