Versos para Trinidad **

 I

Trinidad que te apagas

por tus piedras caminé en las noches

y en los pies quedó tatuada la tristeza de tus días

La alegría póstuma.

Trinidad en ti arden faroles

que flamean como banderas triunfantes,

que el viento sopla desde el campo hasta la montaña,

desde el tren hasta el mar.

Trinidad que pares cocos y caballos,

en ti el sol cae como sombra y enmudece a las pestañas.

Yo escuché tu silencio sostenido y adentro sentí un concierto de nostalgias.

Trinidad borracha, Trinidad estrella

la música baja ligera por tus escaleras y se devuelve bañada en ron dulce,

en ojalás y quizás.

Trinidad me dejaste un recuerdo escondido,

una botella vacía y una noche sin nombre.

TRINIDAD detenida, tantos pies  y vos tan sola.

Tantos ojos y vos sin lentes,

Trinidad.

 II

 

Cegados de hablar

Hablando con el silencio

Así vamos vos y yo,

andando en un lenguaje

que voy descubriendo

quizá seamos como las hojas que van cayendo

dando vueltas

en comunión con el viento:

él la empuja, ella se deja;

ella cae elegantemente y él vuelve y la recoge

 

Y se inicia el juego de las miradas

de mi media sonrisa y tu canción

de mis ojos idos y los tuyos sueltos buscando, siempre,

encontrando cosas que yo no veo,

pero sé que están porque ellos me las van mostrando.

Entonces te duermes y te vas a tu lado

Yo lloro sin saber por qué te vas o por qué me quedo.

 

Tal vez duermas porque es la única forma de seguir estando

de alimentarnos

o también sueñes como huida necesaria.

Y yo como de costumbre, absorta:

intentando pensar

cavando palabras

buscando mis sonrisas perdidas.

Pero, nada, los pájaros me distraen

y me quedo detenida en una o dos hojas

Mirando los techos de teja

viendo las sillas solitarias que acompañan a esas tejas

Tragándome el humo del cigarro

y vos allá,

detrás de tus parpados.


 

*  Los dos poemas fueron escritos en mis cuadernos de viaje por Cuba, en enero de 2011.

*  Todas las fotografías son de D., mi compañero de mochilas y aventuras en aquel viaje.

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